La primera vez que alguien menciona a Robin Hood por escrito no es en una novela de aventuras ni en un pergamino épico y harto viejo. Robin aparece en un poema llamado Piers Plowman, escrito alrededor de 1377 por William Langland. Lo curioso es que la mención es… negativa. Un personaje llamado “la Pereza” dice que se sabe de memoria las rimas de Robin Hood pero no sus oraciones. O sea, el señor es tan popular entre la gente común que hasta los predicadores medievales se quejaban de él.
Antes de que cualquier cosa se pusiera por escrito, las historias de Robin Hood circulaban de boca en boca como toda buena leyenda oral, cantadas por juglares en las plazas. Esa tradición oral es la raíz de todo. Cuando por fin alguien las escribió, ya llevaban mucho tiempo rodando por Inglaterra.
El texto más importante de toda la tradición de Robin Hood se llama A Gest of Robyn Hode, y fue impreso alrededor de 1510, aunque las historias que narra claramente son mucho más antiguas. Es largo, es épico para su época, y tiene de todo: robos, peleas, un caballero al que Robin ayuda prestándole dinero (sin intereses, ¡shocking!), y la eterna pelea con el Sheriff de Nottingham.
Un detalle que mucha gente no conoce: en los textos medievales originales, Robin Hood no es noble. Es un yeoman, básicamente un hombre libre de clase media-baja, ni noble ni campesino. Nada de conde de Huntingdon ni título aristocrático. Eso llegó después, cuando las clases altas decidieron que un héroe así de carismático tenía que ser de buena familia, obvis.
También hay otra balada clave del siglo XV: Robin Hood and the Monk, que es probablemente la balada individual más antigua que se conserva completa. Ahí ya aparecen todos los ingredientes clásicos: Sherwood Forest, el Sheriff de Nottingham, la lealtad entre los la banda de forajidos y Robin colándose a misa en Nottingham porque tiene devoción por la Virgen María.
Como en toda leyenda que va creciendo con el tiempo, los personajes que hoy consideramos esenciales en ella no siempre estuvieron ahí. La bola fue creciendo con el tiempo.
Little John y Will Scarlet son de los más antiguos; están presentes desde las primeras baladas. Friar Tuck y Maid Marian llegaron hasta el siglo XVI, importados de las celebraciones del primero de mayo (por ahi de Beltane), que en la Inglaterra medieval eran una especie de carnaval donde la gente se disfrazaba y actuaba escenas de Robin Hood. Con el tiempo, los personajes de esas fiestas se fueron fusionando con los de las baladas, terminando como partes esenciales de las mismas.
Y sí, eso significa que durante siglos Robin Hood anduvo por el bosque con pura compañía masculina… sospechoso. Maid Marian es, literalmente, una adición tardía.
Guy of Gisborne aparece en una de las baladas más violentas y oscuras: Robin Hood and Guy of Gisborne, donde Robin se disfraza de animal muerto (literalmente: se pone la piel de un caballo) para tender una trampa a su enemigo. Lejos, muy lejos de la versión romanticona de Hollywood.
La frase más famosa del mito, esa de “robar a los ricos para darles a los pobres”, no aparece claramente en las baladas medievales originales. En estos textos, Robin es un tipo con código de honor propio: no ataca a los campesinos que trabajan la tierra, no molesta a las mujeres (obvio, si anda con sus “amigos” en lo oscurito del bosque), y tiene cierta nobleza en su trato. Pero el principio explícito de redistribuir la riqueza hacia los pobres se menciona formalmente hasta 1592, en los Annals of England de John Stow, casi un siglo después de que el Gest circulara impreso.
Lo que sí hacían las baladas desde el principio era posicionar a Robin del lado de los humildes, en contra de los abusos de la autoridad. El resto lo fue bordando el imaginario popular con el paso del tiempo.
A partir del siglo XVII la leyenda cambia bastante. Ben Jonson, el dramaturgo contemporáneo de Shakespeare, escribió una obra llamada The Sad Shepherd donde Robin aparece como anfitrión amable de un festín en el bosque, nada que ver con el bandido feroz de los textos medievales.
Para el siglo XIX, con el romanticismo europeo en pleno apogeo, Robin Hood se convirtió en símbolo de libertad y resistencia popular. Joseph Ritson publicó en 1795 una colección de todas las canciones y baladas antiguas que pudo encontrar, y fue él quien empezó a presentar a Robin como campeón de los oprimidos, influido por el espíritu de la Revolución Francesa. Walter Scott retomó el personaje en su novela Ivanhoe (1819) y lo solidificó como parte de la identidad inglesa. Howard Pyle escribió en 1883 The Merry Adventures of Robin Hood, que fue la versión que se extendió masivamente en Estados Unidos y que muchos todavía reconocen como “la” versión clásica.
Robin Hood es uno de esos personajes que parece haber existido siempre, porque la historia que cuenta: el hombre que se enfrenta al poder en nombre del que no tiene nada, es atemporal. No importa que en las versiones originales fuera violento, que Maid Marian llegara tarde o que nadie se pusiera de acuerdo en si robaba o no para darle a los pobres. La leyenda se cuenta sola.

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