Hombres Lobo

Empezando con Licaón (/laɪˈkeɪɒn/; Griego Ático: Λυκάων, romanizado: Lukáōn, Griego Ático: [ly.kǎː.ɔːn]) a Skyrim, la bestia que muchos llevamos dentro

¿Por qué de todos los monstruos, el que se transforma en lobo es el que suele inquietarnos más? No es un muerto que regresa, ni un ser de otro mundo: somos nosotros, o el vecino, o el compa de toda la vida, convertido en algo que ya no se puede controlar. Hoy nos vamos a echar un clavado por la licantropía: el mito griego que le dio nombre, los juicios europeos donde se quemaba gente por acusaciones absurdas, las versiones que existen en otros continentes (que casi nadie conoce), y por supuesto, cómo el cine, la tele y los videojuegos se han encargado de mantenerlo vivo hasta la fecha.

Parte Uno: Licaón, el primer hombre lobo (y un Zeus bastante sádico)

Como buen fan de la mitología griega, no podía evitar meter esta historia. La palabra “licantropía” viene directo de aquí: lycos (lobo) y anthropos (hombre). Y el responsable de que exista esa palabra es un rey llamado Licaón.

La historia, contada por Ovidio en las Metamorfosis, va más o menos así: Licaón era rey de Arcadia, y según la versión más popular, quiso probar si un visitante que había llegado a su palacio era realmente Zeus disfrazado de mendigo. ¿Cómo lo probó? Cocinándole carne humana (la de su propio hijo, como suele hacerlo uno en estos menesteres, según algunas versiones) y sirviéndosela en un banquete. Zeus entró en cólera, convirtió a Licaón en lobo y mató a sus hijos con rayos, aunque las versiones varían bastante en los detalles de cuántos hijos, si Licaón mismo cocinó al niño o si fue uno de los hijos quien lo hizo para poner a prueba al Dios.

Lo interesante es que el mito no habla de mordidas, ni de luna llena, ni de nada de lo que hoy asociamos con el hombre lobo. Es puro castigo divino por andar rompiendo la ley sagrada de la hospitalidad, que para los griegos era súper importante. En algunas versiones la transformación es permanente y Licaón queda condenado a vivir en el bosque para siempre; en otras, él y sus descendientes podían alternar entre forma humana y de lobo, lo cual ya se parece más a la idea moderna de licántropo.

En la Antigua Grecia existía un ritual real llamado “Licantropía Arcadia”, donde ciertos hombres que participaban en un sacrificio se transformaban simbólicamente en lobos por un periodo de nueve años, y si durante ese tiempo no comían carne humana, podían recuperar su forma. O sea, había toda una tradición cultural detrás del mito, no nada más una historia bonita para asustar niños.

Parte Dos: Roma, Heródoto y los primeros reportes “serios

Los griegos y romanos no se quedaron solo con Licaón. Heródoto escribió sobre los Neuri, una tribu al noreste de Escitia que supuestamente se transformaba en lobos una vez al año durante varios días, para después volver a su forma humana. Lo curioso es que el propio Heródoto ya le dudaba a esto, lo cual demuestra que ni en la Antigüedad se creían todo al pie de la letra… como ahorita con todo lo que ven en Facebook.

Petronio, en el Satiricón, también incluye una escena clásica donde un personaje se transforma en lobo frente a otro bajo la luz de la luna, dejando su ropa marcada con un círculo de orina… Es de los primeros relatos que empieza a coquetear con la idea de una transformación física completa y no solo simbólica.

Parte Tres: la Edad Media y la cacería (literal) de hombres lobo

Aquí es donde el mito se pone oscuro de verdad. Con la llegada del cristianismo, la licantropía dejó de ser un castigo de los Dioses paganos y se convirtió en un problema teológico: ¿la transformación era posesión demoníaca? ¿brujería? ¿una ilusión del diablo? La Iglesia debatió esto durante siglos.

Las acusaciones de licantropía formaron parte de los juicios de brujas, comunes en algunas partes de Europa desde el siglo XV, y la cosa se puso especialmente intensa en Francia. Se escribieron varios tratados sobre hombres lobo entre 1595 y 1615, hubo avistamientos reportados en Anjou en 1598, y un adolescente fue condenado a cadena perpetua en Burdeos en 1603. El caso más brutal fue el de Peter Stumpp en Alemania (1589), acusado de transformarse en lobo y cometer asesinatos durante 25 años, ejecutado tras uno de los juicios más famosos de la época.

Y no todo este despapaye se realizó en Europa Occidental: el folclore se dividió en dos grandes ramas, el hombre lobo “alemán” asociado con la caza de brujas de 1400 en Francia, Alemania y el Báltico, y el hombre lobo “ruso” o vlkodlak, más asociado con el concepto del no-muerto. Gran parte de estos “casos reales” probablemente eran personas con enfermedades como hipertricosis, rabia, o simplemente gente pobre, ermitaña o distinta que terminaron con el papel de chivo expiatorio en épocas de hambruna y superstición. Es una constante triste en la historia humana: lo que no entendemos, lo convertimos en monstruo, lo demonizamos, lo matamos, lo enterramos, y nos hacemos tontos como si no hubiera pasado nada.

Parte Cuatro: el lobo no es universal, pero la idea sí

La transformación en depredador feroz existe en TODOS los continentes, solo que cambia de animal según el más temido en cada región… o diciéndolo de otra manera, tropicalizadito.

Escandinavia: los vikingos tenían a los úlfhéðnar o “piel de lobo”, guerreros de élite consagrados a Odín que llevaban capucha de lobo y luchaban en un estado de furia ritual, junto a los berserker “piel de oso”. Con la llegada del cristianismo, la Iglesia empezó a ver a estos guerreros como “poseídos por el diablo” y los acusó de licantropía, alimentando el mito del hombre lobo germánico. Básicamente, unos guerreros con rituales de trance se convirtieron, con el tiempo, en parte del mito europeo del hombre lobo.

Mesoamérica. El nahual es un concepto que viene del náhuatl y designa a una persona con el poder de transformarse en animal, que puede adoptar forma de jaguar, puma, coyote o lobo dependiendo de la zona. A diferencia del hombre lobo europeo, el nahual no es intrínsecamente bueno ni malo: su naturaleza moral depende del individuo, no del poder en sí. Había nahuales protectores y nahuales brujos maliciosos. A diferencia de otras criaturas, el nahual mantiene plena consciencia mientras es animal, así que recuerda todo lo que hace y lo hace con toda intención, lo cual honestamente es más perturbador que la versión “pierdo el control con la luna llena” tan de moda. Con la conquista española, claro, todo esto se demonizó y se metió en el mismo costal que la brujería europea.

África y Medio Oriente: aquí el protagonista cambia según el lugar. En el norte de África domina el hombre hiena, mientras que más al sur aparecen el hombre leopardo, el hombre chacal, el león, el cocodrilo e incluso el elefante. En Etiopía, el poder de transformarse se le atribuye a los Boudas, un grupo con supuestos poderes místicos, a menudo vinculados con el trabajo del hierro.

Asia: en India y buena parte de Asia, el tigre toma el lugar protagónico; en Japón, el zorro (el famoso kitsune) y el tanuki, aunque a veces también el lobo.

Sudamérica: el jaguar y el puma ocupan el rol del gran depredador transformador, en una lógica muy parecida a la del nahual mesoamericano.

El chiste es que la licantropía nunca fue realmente “sobre lobos” especificamente. Es sobre el miedo universal a que el depredador más temido de tu región pueda estar escondido dentro de un humano cualquiera. El lobo nomás le tocó ser la estrella en Europa porque ahí era la bestia más peligrosa y presente.

Parte Cinco: cine, tele, teatro y videojuegos

Aquí es donde el hombre lobo se volvió POP STAR.

Cine: el hombre lobo debutó en el cine con Werewolf of London (1935), pero fue The Wolf Man (1941), con Lon Chaney Jr., la que lo inmortalizó. Esta película, definió CASI TODO lo que hoy asumimos como “reglas” del hombre lobo: la transformación durante la luna llena, la mordida como forma de contagio, y las balas de plata como única forma de matarlo. Ninguna de esas reglas viene del folclore original, son básicamente invención de Hollywood. Estamos hablando de un mito que se “estandarizó” gracias a una película de guion, no a siglos de tradición oral.

Ya en los 80’s llegó la segunda gran ola: The Howling (Aullidos) de Joe Dante y An American Werewolf in London (Un hombre lobo americano en Londres) de John Landis, ambas de 1981, revolucionaron los efectos de transformación en pantalla y obligaron a Hollywood a crear la categoría de mejores efectos visuales en los Oscar. Si no las han visto, la transformación de “An American Werewolf in London” sigue siendo una locura técnica hasta la fecha, aunque tenga más de 40 años.

Teatro y literatura: el hombre lobo tiene menos peso teatral que el vampiro (Drácula siempre le va a ganar en ese departamento), pero en literatura hay clásicos como Bisclavret, un poema medieval de Marie de France del siglo XII sobre un barón que se transforma cada semana, y ya en la literatura moderna, Remus Lupin de Harry Potter es probablemente uno de los licántropos más queridos y humanizados jamás escritos.

Televisión: aquí el hombre lobo pasó de villano a personaje entrañable. Oz, el personaje de Seth Green en Buffy, The Vampire Slayer, fue de los primeros hombres lobo “simpáticos” en televisión, y esa tendencia siguió con series como Teen Wolf, Underworld, Being Human y, obvio, la saga Crepúsculo con Jacob y toda la manada Quileute.

Videojuegos: Tenemos desde Werewolf: The Apocalypse, basado en el juego de rol de mesa de White Wolf donde controlas a un Garou, un guerrero licántropo que se opone a la civilización urbana y a la corrupción sobrenatural, hasta el jefe inicial de Bloodborne, que arranca como una cacería de hombres lobo al estilo Van Helsing y termina convirtiéndose en una pesadilla tipo Lovecraft. Skyrim también tiene toda una facción de licántropos (y vampiros) jugables, y hasta en Terraria hay uno como enemigo nocturno de luna llena.

La que concluye

Lo interesante de investigar este tema es confirmar, otra vez, que el ser humano en TODOS lados y en TODAS las épocas ha necesitado una forma de explicar esa sensación incómoda de que “hay algo salvaje dentro de mí que no controlo del todo”. Ya sea Licaón castigado por Zeus, un nahual mesoamericano, un úlfheðinn en trance de batalla, o Larry Talbot maldiciendo la luna llena en blanco y negro. Siempre estamos hablando de lo mismo: el miedo a perder el control y convertirnos en la bestia… para poder echarle la culpa de nuestras acciones al “otro”.

¿Qué creen que da más miedo: perder el control por completo como en el mito clásico, o como el nahual, transformarse y seguir totalmente consciente de lo que hacen?

No Comments

Leave a comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *