Anatoly Timofeevich Fomenko nació en 1945 en Donetsk (entonces parte de la Unión Soviética, ahora Ucrania) y es, con todo y lo que vamos a ver hoy, un matemático legítimamente brillante. La nueva cronología está comúnmente asociada con él, quien colaboró con otros matemáticos como Gleb Nosovski, y el concepto está ampliamente explicado en su obra con traducción al inglés: History: Fiction or Science?
O sea, el compa no es un loco de internet que sube videos en pijama. Tiene credenciales académicas reales y fue profesor en la Universidad Estatal de Moscú “Lomonósov”. Lo que pasa es que, en algún punto de su carrera, decidió aplicar sus herramientas matemáticas a la historia… y los resultados lo llevaron por un camino turbio y sospechoso.
Su hipótesis sugiere una reescritura completa de la cronología histórica tal como la conocemos: la teoría de la Nueva Cronología desafía la estructura temporal de la historia establecida, proponiendo que muchos eventos históricos y figuras del pasado han sido mal datados o incluso inventados y copiados.
¿Qué tan malo puede ser eso? Pueeeees…
Fomenko no se inventó las cosas a lo loco (o al menos, eso quiere que creamos). Su metodología tiene una base matemática que suena razonable en papel… y con unos cuantos vodkas.
El principal y más simple método aplicado por Fomenko es la correlación estadística de textos. Su suposición básica es que un texto que describe una secuencia de eventos dedicará más espacio a los eventos más importantes, y que esta irregularidad seguirá siendo visible en otras descripciones del período. Por ejemplo, compara la historia de Roma escrita por Tito Livio con una historia moderna de Roma, y descubre que ambas tienen una alta correlación. Cuando compara textos modernos que describen diferentes períodos, obtiene una baja correlación. Entonces, si cuando compara la historia antigua de Roma con la historia medieval de Roma logra una alta correlación, concluye que la historia antigua de Roma es una copia de la historia medieval de Roma. ¿?
También compara dinastías completas. Si dos reyes de diferentes épocas murieron de manera similar, tuvieron guerras similares y reinaron parecido número de años, Fomenko dice: son el mismo personaje, duplicado. A esto lo llama “copias fantasma”. Como si no fuera suficiente lidiar con los que ya existen.
Estas copias estaban mal fechadas por siglos o incluso milenios y terminaron incorporadas a la cronología convencional. El responsable de este error, según Fomenko, fue un tal Joseph Justus Scaliger en sus obras “Opus Novum de emendatione temporum” (1583) y “Thesaurum temporum” (1606), donde se contienen secuencias repetidas de fechas, inspiradas en los principios cabalísticos.
Básicamente: el señor Scaliger, cronologista del siglo XVI, fue quien armó la línea del tiempo que todos usamos hoy, y según Fomenko, ese cuate lo hizo mal, basado en numerología cabalística. ¿Conspiraciones con sabor a Renaissance Faire? ¡A huevo!
Aquí es donde la cosa se pone verdaderamente interesante. Prepárate.
Teoría 1 — La historia antes de 1600 es básicamente ficción: Fomenko afirma que la historia mundial anterior a 1600 fue falsificada deliberadamente por razones políticas. Se dice que los documentos que entran en conflicto con la nueva cronología han sido editados o fabricados por conspiradores: el Vaticano, el Sacro Imperio Romano Germánico y la dinastía proalemana Romanov.
Sí, leíste bien. El Vaticano, el Sacro Imperio y los Románov todos juntos, en secreto, reescribieron la historia. Como un grupo de WhatsApp de los poderosos del medioevo, pero para el mal. ¿Alguien tiene la liga para unirme?
Teoría 2 — Jesucristo nació en 1152 d.C. y fue crucificado en 1185: Según Fomenko, Jesús es una figura compuesta (¡nah!) y hay una figura histórica detrás de él: el emperador bizantino Andrónico I Comneno, nacido en Crimea el 25 de diciembre de 1152 d.C. y crucificado el 20 de marzo de 1185 d.C., en la colina de Josué, frente al Bósforo.
O sea que el Jesús histórico es en realidad un emperador bizantino de Crimea. No el de Belén. No el del año cero. Uno del siglo XII.
Teoría 3 — Roma, Jerusalén y Troya son la misma ciudad: Las ciudades históricas de Jerusalén, Roma y Troya corresponden a una única ciudad llamada Nueva Roma, que corresponde a Estambul (Turquía) y, más precisamente, al actual Castillo de Yoros.
Y como extra: La catedral de Santa Sofía es, en realidad, el Templo de Salomón descrito en la Biblia, y el rey Salomón no es otro que el sultán otomano Solimán el Magnífico (1494-1566) (de este compa hablamos después).
Teoría 4 — Existió un superimperio ruso que borraron de la historia: La nueva cronología aprovecha los pensamientos tradicionalmente rusos antioccidentales, disminuye los logros de otras culturas, afirma que los principales logros de la civilización son rusos, y propone una gigante “Horda Rusa” como imperio dominante, eliminando el tiempo histórico anterior a su existencia.
En la visión de Fomenko, básicamente toda la civilización importante fue rusa/eslava, y Occidente fue quien borró ese legado. Aquí es donde muchos críticos señalan que la teoría tiene una agenda política bastante obvia, tomando en cuenta que se desarrolló en los años 80, durante la Guerra Fría.
Ahora bien, siendo honestos, porque en este blog siempre lo somos, creo: la comunidad científica rechaza esto de manera unánime.
La nueva cronología es rechazada por los historiadores y no es compatible ni con la datación absoluta ni con la datación relativa, técnicas utilizadas de forma amplia por la comunidad académica. Los historiadores, arqueólogos y demás especialistas consideran la nueva cronología como pseudocientífica.
Los problemas técnicos son varios. Por ejemplo, la dendrocronología (fechado por anillos de árboles) y el carbono 14 confirman las fechas convencionales de manera independiente. Las fechas que tenemos de eclipses solares documentados por los romanos concuerdan con los cálculos astronómicos modernos, y los restos arqueológicos corresponden con las fuentes escritas.
Y quizás el golpe más directo viene de un lingüista ruso: Andréi Zaliznyak argumentó que mediante el uso de los enfoques de Fomenko se puede “probar” cualquier correspondencia histórica, por ejemplo, entre los faraones del Antiguo Egipto y los reyes de Francia.
Para rematar, en 2004, en la Feria Internacional del Libro de Moscú, Anatoli Fomenko y su coautor Gleb Nosovsky recibieron el antipremio llamado “Abzatz” — una palabra de la jerga rusa que significa “desastre” o “fiasco” — como el peor libro publicado en Rusia. Quién iba a pensar que había Razzies en literatura.
Duro, pero ahí está.
Aquí va mi opinión personal: creo que las teorías de Fomenko son pseudohistoria y no tienen ningún sustento real frente al escrutinio científico. Punto.
Pero también creo que hay algo valioso en el impulso que las genera. Esta popularidad indica un interés creciente en teorías alternativas y una desconfianza hacia las narrativas históricas establecidas. Y esa desconfianza, cuando se aplica con honestidad intelectual, no está del todo mal. Cuestionar las fuentes, preguntarse quién escribió la historia y con qué intereses, es un ejercicio completamente legítimo.
El problema con Fomenko no es que haga preguntas. El problema es que sus respuestas requieren que medio mundo se haya puesto de acuerdo para mentir durante siglos, lo cual, como cualquier complot de ese tamaño, es estadísticamente imposible de sostener. Cuanta más gente involucras en una conspiración, más probable es que alguien se vaya de la lengua.
Si, en un grupo de 5 personas, cuesta muchísimo ponerse de acuerdo…
Incluso Garri Kasparov, el ex campeón mundial de ajedrez que simpatizó inicialmente con algunas ideas de Fomenko, no aceptó las conclusiones ni las reconstrucciones históricas del matemático, y señaló que Fomenko y Nosovsky notaron correctamente algunas incoherencias en el concepto oficial, pero en lugar de continuar haciendo preguntas específicas, se les ocurrió una nueva teoría que adolece de los mismos problemas.
Fycking right, Gary. Fucking right.
History: Fiction or Science? es una de esas cosas que, si bien no es historia real, te hace pasar un rato de lo más entretenido cuestionando todo lo que creías saber. Y en ese sentido, entiendo perfectamente por qué tiene fans (¿fanses?). La idea de que “nos mintieron” tiene un atractivo irresistible, especialmente cuando la alternativa es aceptar que la realidad es, simplemente, complicada y aburrida.
Fomenko es pseudociencia con muy buena producción matemática. Y eso lo hace fascinante como fenómeno cultural, aunque inútil como herramienta histórica.
Seguimos esperando la invitación al grupo de WhatsApp… tengo algunas ideas un poco drásticas, pero…
Son muchos, pero muchos libros los de la serie. Yo tengo y leí el primero y el segundo de los 7, aunque luego por ahi andan volando hasta el No. 24 por que le siguen echando leña al fuego.

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