Si hay que buscar al abuelo de todos los fantasmas, probablemente esté en Mesopotamia. En la Epopeya de Gilgamesh (que ya de por sí es de los textos narrativos más pinches viejos que tenemos, con partes que rondan el año 1200 a.C. en su versión estándar babilónica), hay una tablilla, la número XII, en la que Gilgamesh, destrozado por la muerte de su amigo Enkidu, le pide al Dios Shamash que le abra un hueco en la tierra para poder hablar con él una última vez. El espíritu de Enkidu, al que los mesopotámicos llamaban etemmu (o edimmu, dependiendo de la fuente), sube temblando “como una hoja al viento” y le cuenta a Gilgamesh que el más allá no es nada bonito: los muertos comen tierra y beben polvo. ¡Yei!
Lo interesante es que para los mesopotámicos esto no era solo un mito bonito: creían firmemente que un muerto sin entierro adecuado, o sin las ofrendas correctas (el kispum: pan, cerveza y agua para los ancestros), podía regresar a atormentar a los vivos con enfermedades, pesadillas y mala suerte. O sea, el concepto de “fantasma vengativo por asuntos sin resolver” ya estaba bien pinche establecido hace más de tres mil años.
Los griegos tampoco se quedaron atrás. En la Odisea, cuando Odiseo baja al inframundo, se encuentra con el alma de Elpenor, uno de sus compañeros, que murió cayéndose borracho de un techo y se quedó sin sepultura (bien pinche merecido). Elpenor le suplica que regrese y entierre su cuerpo como se debe, porque hasta entonces su alma no puede descansar… total el Odieso ni prisa tenía. Los griegos, de hecho, clasificaban a los fantasmas en categorías: estaban los ataphoi (los que no habían recibido entierro, como Elpenor), los aoroi (los que murieron jóvenes, antes de tiempo) y los biaiothanatoi (los que murieron de forma violenta). Estos últimos dos se consideraban especialmente peligrosos, porque morían con la vida “inconclusa” y eso, según ellos, los volvía inquietos y potencialmente vengativos.
Y ya que estamos en Roma: Plinio el Joven, en una de sus cartas, le pregunta directamente a un amigo si cree que los fantasmas existen y tienen forma propia, o si son solo sombras huecas que la imaginación llena de miedo. Para defender que sí existen, Plinio cuenta la historia del filósofo Atenodoro, quien rentó una casa en Atenas que nadie quería habitar porque de noche se escuchaban cadenas arrastrándose. Una noche se le apareció un anciano encadenado que lo guió hasta un punto específico del patio y ahí desapareció. Al día siguiente, cavando en ese lugar, encontraron un esqueleto encadenado. Le dieron sepultura como se debía y, efectivamente, los ruidos pararon. Este cuento, honestamente, es la plantilla de la mitad de las películas de casas embrujadas que se han hecho después: fantasma con asuntos pendientes + comunicación con un vivo + resolución del misterio = paz eterna… y algunas veces, cash. Nada nuevo bajo el sol, señores guionistas de Hollywood.
Dentro de la tradición bíblica también hay un episodio de fantasmas clarísimo, y es de los pocos casos en el Antiguo Testamento donde alguien invoca directamente a un muerto. En 1 Samuel 28, el rey Saúl, desesperado porque Dios ya no le contesta ni por sueños ni por profetas ante la inminente batalla contra los filisteos (¡Shocking!), decide (a escondidas, disfrazado, y rompiendo su propia ley que prohibía la nigromancia) visitar a una médium en el pueblo de Endor. Le pide que invoque el espíritu del profeta Samuel, que ya había muerto.
Lo curioso del relato es que la propia mujer se espanta cuando el espíritu de Samuel efectivamente aparece, “subiendo de la tierra” como un anciano envuelto en un manto. O sea, ni ella se lo esperaba… Dios trabaja de maneras sospechosas. Samuel, nada contento de que lo hayan molestado (aunque halla venido de “abajo”), le dice a Saúl que al día siguiente él y sus hijos morirán en batalla contra los filisteos. Y así fue. Este pasaje se ha discutido por siglos entre teólogos (¿era realmente Samuel? ¿un demonio haciéndose pasar por él? ¿una alucinación de la médium? ¿Cómo hacemos que esto tan obvio no lo sea y nos desmadre nuestro librote de fantasía?), pero para efectos de esta lista, es uno de los primeros registros escritos de una sesión de espiritismo con final trágico, y probablemente ayudó a moldear la idea judeocristiana posterior de que hablar con los muertos es, cuando menos, una muy mala idea.
Aquí es donde la cosa se pone regional, y como buen mexicano, no podía dejar fuera a nuestra querida Llorona.
La leyenda que todos escuchamos de niños (una mujer que ahoga a sus hijos por despecho o traición, y luego pasa la eternidad llorando por ellos junto a los ríos) tiene raíces que se meten hasta la época prehispánica. Algunos historiadores la conectan con Cihuacóatl, Diosa mexica asociada con el parto y la guerra, o con las Cihuateteo, espíritus de mujeres muertas al dar a luz que se aparecían en los cruces de caminos lamentándose. Fray Bernardino de Sahagún incluso documentó que, entre los presagios que anunciaron la llegada de los españoles, se escuchaba de noche a una “mujer llorona” que gritaba por sus hijos. En la época colonial, la leyenda se fue mezclando con otras figuras, y hay quien la vincula con la Malinche, llorando por haber traicionado a su pueblo, que no creo yo. Sea cual sea el origen real, la Llorona terminó siendo un ícono nacional, con canción propia interpretada por Chavela Vargas, Lila Downs y hasta Ángela Aguilar, y decenas de películas mexicanas desde 1933.
Del otro lado del mundo, Japón tiene su propia y muy elaborada tradición de fantasmas: los yūrei. Según la creencia budista japonesa, el alma (reikon) pasa por un periodo de transición de 49 días tras la muerte antes de unirse a los ancestros. Si ese proceso se interrumpe (por una muerte violenta, un apego emocional muy fuerte, o ritos funerarios incorrectos), el alma se queda atrapada como yūrei: figura pálida, vestida con el kimono blanco tradicional de entierro, cabello largo y negro cubriéndole el rostro, y sin pies (y con dos llamas azules a su lado…). Dentro de los yūrei hay subtipos, pero el más famoso, por mucho, es el onryō: espíritus vengativos que murieron cargados de celos, odio o rencor, y que regresan específicamente a hacer justicia por su propia mano (o falta de ella). El ejemplo más icónico es Oiwa, protagonista de la obra de teatro kabuki Yotsuya Kaidan (1825), asesinada brutalmente por su esposo. La leyenda dice que hasta hoy, actores y productores visitan la tumba real de Oiwa antes de filmar cualquier adaptación, para pedirle permiso. Si el nombre Oiwa no te suena, seguro sí te suenan sus herederas modernas: Sadako de The Ring y Kayako de The Grudge son, estructuralmente, onryō de cabo a rabo.
Antes de que hubiera pantallas, hubo radio, y el fantasma se adaptó de maravilla al formato. En Estados Unidos, programas como Lights Out (que arrancó en 1934, de la mano de Wyllis Cooper y después Arch Oboler, y fue de los primeros programas de horror radiofónico en tener una base de oyentes masiva) y Inner Sanctum Mysteries (estrenado en 1941, famoso por el chirrido de una puerta como sello de la casa y su anfitrión sarcástico “Raymond”) construyeron toda una generación de historias de espantos contadas solo con voces, efectos de sonido (literalmente rompían nueces para simular huesos quebrándose) y la imaginación del que escuchaba del otro lado. De hecho, cuando la televisión empezó a despegar tras la Segunda Guerra Mundial, muchos de los primeros programas de horror televisivo simplemente adaptaron guiones que ya habían funcionado en radio.
En el cine, el fantasma estuvo ahí prácticamente desde el primer día. La adaptación cinematográfica más antigua que se conserva de A Christmas Carol in Prose, Being a Ghost Story of Christmas de Dickens es Scrooge, or Marley’s Ghost, de 1901: un cortometraje mudo británico de apenas seis minutos, dirigido por Walter R. Booth, que ya usaba trucos de sobreimpresión para mostrar el rostro de Marley apareciendo en la aldaba de la puerta. O sea, desde el año uno del cine, ya estábamos usando efectos especiales para asustarnos con muertos. Ademas está ahi, explicito, en el título de la obra.
De ahí en adelante la cosa se dividió en dos caminos que todavía conviven: el fantasma como amenaza de terror puro (The Uninvited en 1944, Dead of Night en 1945, y ya en tiempos más cercanos, The Ring en 2002 adaptando la japonesa Ringude 1998, The Others de Amenábar en 2001, El Orfanato de Bayona en 2007, o The Conjuring de James Wan en 2013) y el fantasma como figura entrañable o con un mensaje pendiente pero no necesariamente maligno (El Fantasma y la Señora Muir en 1947, Ghost en 1990, o los clásicos ochenteros de Ivan Reitman con los Cazafantasmas, donde hasta el villano final, Vigo, es literalmente un tirano del siglo XVI que atrapó su propia conciencia dentro de un cuadro). Y, honestamente, no puedo dejar fuera The Sixth Sense de 1999: fue de esas películas que resetearon por completo cómo Hollywood contaba historias de fantasmas, con ese giro final que todo mundo conocía antes de verla, pero que en su momento nadie vio venir.
Aquí va mi opinión personal: para mí, las mejores historias de fantasmas no son las que dependen del jump scare, sino las que usan al fantasma como metáfora de algo que la gente viva no quiere procesar (duelo, culpa, injusticia). Por eso The Others y El Orfanato me parecen, de las que he visto, de lo mejorcito del género: dan miedo, sí, pero el miedo real viene después, cuando entiendes qué estaba pasando en realidad.
Banishers: Ghosts of New Eden (2024, de Don’t Nod, los mismos de Life is Strange y Vampyr), es de lo más interesante que ha salido en el género últimamente. La historia sigue a Antea Duarte y Red Mac Raith, dos “desterradores”: cazadores sobrenaturales que se dedican a resolver los asuntos pendientes de los fantasmas para poder mandarlos de regreso al más allá. Llegan en 1695 al pueblo puritano de New Eden, en la Nueva Inglaterra colonial, invitados por su antiguo mentor, y todo se va al demonio cuando, en la investigación inicial, Antea muere y termina convertida ella misma en fantasma, atada a Red. Ahí es donde el juego se pone realmente interesante: cada caso secundario que resuelves te obliga a decidir si condenas al fantasma (destruyéndolo para siempre) o si lo perdonas (dejándolo vagar, drenando lentamente la vida de quien lo rodea), y esa misma decisión aplica al final para Antea. No hay villanos fáciles: casi ningún fantasma del juego está ahí por pura maldad, y casi ninguna víctima está completamente libre de culpa.
No logré terminarlo, pero no fue porque estuviera mal hecho. Al contrario, la ambientación puritana, con toda esa paranoia religiosa y ese fanatismo eran excelentes… pero después de 12 horas pegado al juego, avanzando y demás, el XBOX decidió que no, a la chingada tu avance, y me dejó de nuevo desde cero. Es muy bueno, pero cansado, así que CHANCE y algún día lo termino.
Otros títulos que vale la pena mencionar en este rubro: la saga Fatal Frame (empezando en 2001), donde controlas a Miku Hinasaki explorando una mansión japonesa embrujada armada solo con una cámara antigua, la Camera Obscura, capaz de fotografiar y debilitar a los espíritus; Luigi’s Mansion (2001), donde Luigi anda de cazafantasmas con una aspiradora buscando a Mario en una mansión tomada por King Boo; y más recientemente Phasmophobia (2020), un juego cooperativo de investigación paranormal que se volvió viral por lo genuinamente tenso que se siente estar en una casa a oscuras con tus amigos tratando de identificar qué tipo de espectro te está acechando antes de que te mate.
Aquí es donde toca ponerse serios un rato, porque esta es de las pocas categorías de “monstruo” en las que muchísima gente, hoy en día, sigue creyendo de verdad. Encuestas en Estados Unidos han encontrado que cerca de un tercio de la población cree en fantasmas, y un porcentaje similar afirma haber “sentido” o “visto” uno alguna vez. La ciencia, hasta ahora, no ha encontrado evidencia de que existan como entidades independientes de nosotros, pero eso no significa que la experiencia de la gente sea mentira. Hay varias explicaciones bastante sólidas sobre qué es lo que realmente está pasando cuando alguien “ve” un fantasma:
Repasando todo esto: No hay colmillos que limar ni vendas ni luna llena: solo necesita que alguien, en algún lugar, sienta que algo quedó pendiente… o una conciencia bien cochina. Tal vez por eso es el único monstruo de esta serie que de verdad ha sobrevivido igual de fuerte en cada época, adaptándose de las tablillas de arcilla a la radio, del teatro kabuki a los controles inalámbricos, sin perder ni un poquito de su capacidad para inquietarnos.
Y ahora sí, la pregunta obligada: ¿tú alguna vez has sentido, visto o vivido algo que no puedas explicar del todo? Yo sí, pero eso se discute en otro lado.
Britannica, “Witch of Endor”: https://www.britannica.com/biography/Witch-of-Endor
Associates for Biblical Research, “King Saul And The Witch Of Endor”: https://biblearchaeology.org/research/chronological-categories/united-monarchy/4991-king-saul-and-the-witch-of-endor-necromancy-and-ghost-pits-in-the-ancient-world
World History Encyclopedia, “Gilgamesh”: https://www.worldhistory.org/gilgamesh/
iWell Guard, “Edimmu: Spirit of the Mesopotamian Tradition”: https://iwell-guard.com/en/edimmu/
The Collector, “Ancient Ghost Stories from Around the World”: https://www.thecollector.com/ghost-stories-ancient-greece-rome/
Humanidades y NTICs, “Una historia de fantasmas” (Plinio el Joven): https://humanidades.blog/2022/08/31/una-historia-de-fantasmas/
México Desconocido, “¡Ay, mis hijos! La Leyenda de la Llorona”: https://www.mexicodesconocido.com.mx/la-llorona-leyenda.html
Hoja de Lunes, “Cómo una historia de fantasmas se convirtió en patrimonio cultural: La Llorona”: https://www.hojadellunes.com/como-una-historia-de-fantasmas-se-convirtio-en-patrimonio-cultural-la-llorona/
Wikipedia, “Yūrei”: https://en.wikipedia.org/wiki/Y%C5%ABrei
Haunted Silence, “Japanese Ghost Lore: Yurei, Onryō and the 8 Most Terrifying Spirits”: https://hauntedsilence.com/ghost-folklore/japanese-ghost-lore-yurei-onryo-spirits/
Wikipedia, “Lights Out (radio show)”: https://en.wikipedia.org/wiki/Lights_Out_(radio_show)
Wikipedia, “Inner Sanctum Mystery”: https://en.wikipedia.org/wiki/Inner_Sanctum_Mystery
Wikipedia, “Scrooge, or, Marley’s Ghost”: https://en.wikipedia.org/wiki/Scrooge,_or,_Marley’s_Ghost
Wikipedia (ES), “Anexo: Películas sobre fantasmas”: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pel%C3%ADculas_sobre_fantasmas
SmashMexico, “Los mejores fantasmas de las dos primeras películas de Ghostbusters”: https://origin-www.smashmexico.com.mx/trend/cine/mejores-fantasmas-dos-primeras-peliculas-ghostbusters/
El Español (El Cultural), “Banishers: Ghosts of New Eden: una historia fantasmagórica de detectives”: https://www.elespanol.com/el-cultural/arte/videojuegos/20240401/banishers-ghosts-of-new-eden-historia-fantasmagorica-detectives/843915634_0.html
Vandal, “Análisis Banishers: Ghosts of New Eden”: https://vandal.elespanol.com/analisis/ps5/banishers-ghosts-of-new-eden/131669
Wikipedia, “Fatal Frame (video game)”: https://en.wikipedia.org/wiki/Fatal_Frame_(video_game)
The Mary Sue, “The 10 Best Video Games About Ghosts And Spirits”: https://www.themarysue.com/the-10-best-video-games-about-ghosts-and-spirits/
Gizmodo ES, “Tres explicaciones científicas para aclarar por qué algunas personas creen ver fantasmas”: https://es.gizmodo.com/tres-explicaciones-cientificas-para-aclarar-por-que-alg-1796849338
Milenio, “¿Por qué vemos fantasmas? Esto explica la ciencia”: https://www.milenio.com/estilo/por-que-vemos-fantasmas-esto-explica-la-ciencia
Univision Explora, “¿Por qué hay personas que piensan que ven fantasmas?”: https://www.univision.com/explora/por-que-hay-personas-que-piensan-que-ven-fantasmas
The Lineup, “Stone Tape Theory: What Is ‘Residual Haunting’?”: https://the-line-up.com/stone-tape-theory
Wikipedia (ES), “Fantasma”: https://es.wikipedia.org/wiki/Fantasma
Y que conste que con lo pinche caro que sale enterrar a alguien, podemos pensar en sí realmente es lo que queremos para nuestro muertito: descanso permanente, o para nosotros: descanso permanente.
Excesivo uso de efectos, si, pero y…?

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