“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Estas sabias palabras de Benito Juárez, quien fue presidente de México del 21 de enero de 1858 al 18 de julio de 1872. Son de esas frases sabias que muy pocos practicamos. Y no, no vamos a hablar del “tanto” tiempo en que estuvo en el poder.
Todos, en algún instante, nos hemos sentido “invadidos” en nuestra libertad de alguna manera u otra; uno de los ejemplos más claros que puedo poner como ejemplo es cuando alguien se para en nuestra cochera y nos impide salir en nuestro vehículo. La persona tuvo la libertad de pararse donde se le dio la gana, pero nos coartó la nuestra al impedirnos hacer lo que probablemente necesitábamos hacer ese día.
Pero este ejemplo es físico y bastante bobo; aquí sí hay una libertad interrumpida, pero no imposible de salvar. Pudimos salir a pie, o pedir un taxi o algo así. Aun los que, como dicen en mi pueblo, nacimos en coche, a veces tenemos que recurrir a otros medios de transporte en emergencias.
¿Qué pasa cuando estos límites no son realmente cortados, sin embargo nosotros creemos que sí lo han sido?
Esto está sucediendo cada vez más gracias a las redes sociales, en donde podemos ver infinidad de cosas divertidas, entretenidas, buenas, malas (¿según quién?), atrevidas y muchas veces arriesgadas.
Y no está mal. Quien decide eso son los likes, los upvotes y todas las interacciones que nosotros mismos hacemos con ese contenido; no obstante, nunca faltan los que se sienten agredidos u ofendidos por algo que ni les toca o deciden que “no debe ser” por razones sociales, religiosas o morales. La pregunta de por qué el algoritmo nos recomendó algo que no nos gusta es para otro post.
Esta es tan cambiante y dependiente del tiempo, edad, zona geográfica, etc., que es sumamente difícil no romperla.
¿Qué es? La moral, según la RAE:
adj. Perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva.
Sin.: ético.
adj. Conforme con las normas que una persona tiene del bien y del mal.
Sin.: ético, honesto, decoroso, honrado, decente, íntegro, recto, puro.
Ant.: inmoral, amoral, deshonesto.
adj. Basado en el entendimiento o la conciencia, y no en los sentidos. Prueba, certidumbre moral.
adj. Que concierne al fuero interno o al respeto humano, y no al orden jurídico. Aunque el pago no era exigible, tenía obligación moral de hacerlo.
f. Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.
Sin.: ética, moralidad, honradez, honestidad, decencia, justicia, virtud, probidad, integridad.
f. Conjunto de facultades del espíritu, por contraposición a físico.
f. Estado de ánimo, individual o colectivo. Tengo la moral por los suelos.
f. Ánimo para afrontar algo. Se necesita tener moral para aguantar tantas penalidades.
f. coloq. En actividades que implican confrontación o esfuerzo intenso, confianza en el éxito.
Lo que a unos se les hace x, para otros es una falta a la moral o las costumbres que, bueno, inician dramas, rompen amistades y terminan con familias.
Un ejemplo que se me ocurre al escribir esto son los trajes de baño; más específicamente, los de hombre. En Estados Unidos de América, no se suelen utilizar ajustados, tipo speedo o yunga según los brasileños. Los ven mal y o son casi tabú, prefiriendo los boarders o los shorts. En Brasil y Australia esos son los normales y los más usados. Es simplemente un cambio de región. Aunque en los países del sur cada vez más son menos utilizados, siguen siendo algo “normal”.
Lo mismo le pasó a las mujeres, a Coco Chanel, quien incitó al escándalo cuando comenzó a broncearse, cuando lo normal era la piel pálida… y terminó poniéndolo de moda y haciéndolo fashionable. Y ahora hay mujeres que parecen pan tostado por los bronceados que usan. Antes era moralmente increíble. Hoy ya no importa tanto.
Y ni qué hablar del bikini, creado por Louis Réard en 1946, el cual fue considerado indecente, hasta que una mujer por fin decidió portarlo, escandalizando a todo el planeta menos a Francia, siendo condenado por la iglesia y prohibido en varias partes del planeta. Y ahora…
Romper los esquemas es lo que muchas veces nos hace avanzar; le pueden preguntar a Henry VIII de Inglaterra. Cuando no lo dejaron hacer lo que él quería desde bien lejos porque no, el compa dijo “fuck it” (probablemente no literalmente, aunque sí en inglés) y decidió hacer lo que quiso. La moral y la religión lo quisieron detener, pero él no se dejó e hizo su propia iglesia y se divorció. Tómala, Vaticano.
Y, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar esto, pero no podemos dejar de verlo?
Aquí es donde entran esas teorías, las cuales hay que creer, pero al mismo tiempo no creer. Son teorías propias, al final.
Una es que esto nos sacude nuestra zona de confort y nos enfrenta a un mundo, o a algo que no nos gusta personalmente. Y por eso, nada más por eso, está mal. Si a mí no me gusta o me molesta, a todo el mundo no le debe de gustar y le debe de molestar. Y entonces, debe ser callado o impedido. Y con eso, estamos haciendo lo mismo, coartando la libertad de otros simplemente porque no me parece de una u otra manera.
No es como que nos impidieron hacer algo, o nos obligaron a hacer lo que no queríamos. Alguien simplemente hizo o dijo algo y ya tomamos cómodamente una decisión porque nos incomodó. Tomamos partido, pues.
Aquí yo creo que nadie sabe. Cada cabeza es un mundo, y como dice el meme, hay de mundos a mundos, de metrópolis a caseríos y hasta pueblos abandonados. Todos tienen derecho a hacer lo que se les dé la gana siempre y cuando no dañen a nadie.
A veces el morbo y las ganas de fastidiar, hobby del ser humano, es lo que nos hace seguir estando ahí, sintiéndonos agredidos e invadidos para justificar y hacer crecer nuestra intolerancia y agravios. Cuando realmente no nos hace nada.
Ignorar es la mejor arma. No participar. Mantener nuestra libertad íntegra, sin baches autogenerados por orgullos golpeados.
Que si esa persona está haciendo eso que yo considero mal. Muy problema de la persona. Chance y esa persona no lo considera malo.
¿Alguna vez hemos pensado si lo que nosotros hacemos, otras personas lo consideran mal? Yo sé de harta cosa que hago que a la gente no le gusta, y les pueden preguntar si lo he dejado de hacer… como dedicarle mucho tiempo de mi vida a los videojuegos, o darle prioridades a mi gato sobre muchas otras.
El problema es cuando hacemos algo malo que sabemos que es malo y ademas, lo hacemos a sabiendas que va a tener consecuencias que afectarán a los demás… su libertad… y a veces, más. No seamos ese tipo de personas.
Así que, seamos libres, dejemos que los demás sean libres, y no nos matemos entre nosotros por tonterías que no nos afectan… y si nos afectan, averigüemos cómo lograr que no y hagamos todo lo posible porque no sea así. Y si no podemos lograr que no nos afecten, escapemos del lugar. Y si no podemos, ni modo, para eso son los claustros y ahí pasan cosas peores.
Yo peco de esto también, pero no ando intentando obligar a los demás a comportarse como yo quiero. En lo personal, la banderita del arcoíris de la comunidad LGTB+ no me gusta y no la utilizaría como para nada. Pero no por eso le voy a decir al mundo que no lo haga. El símbolo es muy relevante y reconocido… simplemente yo no lo uso. Lo respeto, pero no me verán con él como que jamás.
Y sí, debo aceptar que los hombres y mujeres con trajes sexis y ajustados se ven muy bien; aun así, NO A TODOS les queda… Lo bueno es que nunca voy a la playa.
Y por último. Wakala el color rosa.

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