King Arthur / El Rey Arturo. Parte I

Cuando alguien nos menciona al “Rey Arturo” (Arthur de ahora en adelante), nuestro cerebro probablemente nos hace ver la imagen de siempre: una espada clavada en la piedra, un castillo perfecto llamado Camelot y un grupo de caballeros muy caballeros sentados alrededor de una Mesa Redonda hablando de honor y gloria. Esa versión “oficial” que tenemos en la cabeza no viene de un solo libro, sino de siglos de retoques, añadidos y fanfics medievales muy serios.

Un rey nacido de una calentura y mágia

La historia clásica arranca con Uther Pendragon (¿por qué a este wey sí no le traducen el nombre?), rey de Britania, perdidamente enamorado de Igraine, esposa de otro noble importante, Gorlois. Entra en escena Merlin, que no solo es hechicero, también es el experto en soluciones nada éticas: con su ayuda, Uther adopta la apariencia de Gorlois y, se da su acostón con Igraine. De esa unión de magia y calentura, nace Arthur Pendragon.

Arthur no crece en la corte, sino que es entregado a otra familia, criado casi como cualquiera, hasta que un buen día, cuando el reino necesita a un heredero, aparece una espada clavada en una piedra con la frase “solo el auténtico rey podrá sacarla”. Muchas personas intentan sacar la espada, pero todos fallan. No es sino que, casi por accidente, Arthur lo hace sin pensar, y la espada sale como por arte de magia… uuuuu… foreshadowing!

Camelot y la famosa Mesa Redonda

Una vez coronado, Arthur funda Camelot, que funciona menos como lugar real y más como idea: la corte perfecta donde se hace “lo correcto”, hay justicia, honor y buena vibra caballeresca… al menos en papel. Para reforzar ese ideal, inventa (o adopta) la Mesa Redonda: una mesa sin cabecera para que nadie pueda decir “yo soy más importante porque estoy en la cabecera”. Aunque supongo que ahora el problema era quién se sentaba más cerca del rey y quien no… detalles, detalles.

Ahí se sientan nombres que son conocidos por casi todos: Lancelot, Gawain, Percival, Galahad y hartos más, cada uno con su propia minitragedia y sus dilemas morales. Y es precisamente en esa corte donde arranca una de las misiones más famosas de la literatura europea: la búsqueda del Santo Grial, que no es solo un objeto mágico, sino una prueba espiritual que nadie pasa limpio.

Guinevere, Lancelot y cómo todo se empieza a desquebrajar

Obvio, ningún mundo perfecto dura mucho, y menos cuando comienza con situaciones cuestionables. Camelot comienza a romperse desde dentro, y la grieta grande se llama Guinevere, la esposa de Arthur. La reina es a la vez símbolo del esplendor del reino y el detonante del desastre, porque su amor prohibido con Lancelot es tan intenso como incompatible con el código caballeresco que ambos defienden en voz alta. Así que preferían quedase callados.

Las versiones clásicas rara vez lo pintan como un simple engaño barato: es un amor profundo, doloroso y sin salida, que termina dándole en la madre a la autoridad de Arthur y la unidad de la Mesa Redonda. En otras palabras, Camelot no cae porque llegaron “los malos”, cae porque sus mejores personajes son demasiado humanos.

Además, es, seguramente, un mensaje bobo sobre como la infidelidad, la pasión y el deseo, son malos.

 

 

Mordred, la batalla final y Avalon

Cuando la cosa ya está lo suficientemente rota, aparece Mordred, el traidor definitivo, que según la versión puede ser sobrino o hijo de Arthur con su hermana Morgues (¿apoco pensaban que solo Uther?). La batalla de Camlann es el clímax: Arthur derrota a Mordred, pero queda mortalmente herido, y el sueño de Camelot se deshace entre sangre, culpas y traiciones viejas que pasan factura, con intereses.

Excalibur, la espada mágica que unas tradiciones hacen salir de la piedra y otras de la mano de la Dama del Lago regresa a las aguas (hay otras tradiciones que mencionan que son dos espadas. Caliburn y Excalibur. La primera es la de la piedra, la segunda es la de la Dama del Lago). Arthur es llevado a la isla de Avalon, ese espacio liminal entre vida y muerte, donde queda flotando la profecía de que volverá cuando Britania lo necesite de nuevo. Y con eso deja de ser solo personaje y se convierte en mito nacional.

De Malory a tu pantalla

Gran parte de este “combo completo” de historia clásica se consolida en la Edad Media tardía con obras como Le Morte d’Arthur de Thomas Malory, que agarra muchas leyendas dispersas y las organiza en algo parecido a una edición definitiva para su época. A partir de ahí, prácticamente todas las versiones modernas, como libros, películas, y series, toman de este molde básico: rey elegido, Camelot, Mesa Redonda, romance trágico y caída del reino ideal.

Dicho mal y pronto: el Arthur que “todos conocemos” es el resultado de siglos de edición y remezcla, más cercano a un canon literario que a una biografía.

Si creen que esto suena demasiado bonito, cute y perfecto, no son los únicos. En la segunda parte vamos a hacer un pequeño análisis, tanto histórico, como documental y enterarnos que dicen los arqueólogos y los especialistas sobre si Arthur existió de algun a manera o no.

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