Las Brujas de Salem

Hay lugares cuyo nombre promete una cosa y la historia termina contando otra. Salem, en Massachusetts, EUA, es el ejemplo perfecto: su nombre viene de una palabra que significa “paz”, y aun así quedó ligado para siempre a una de las cacerías de brujas más famosas del mundo. Entre febrero de 1692 y mayo de 1693 hubo cientos de acusaciones, juicios exprés, ejecuciones y, años después, un montón de disculpas tardías.

¿Cómo pasó todo? Desde cómo nació el pueblo, pasando por unas niñas con síntomas que nadie entendía y una mujer esclava llamada Tituba, hasta el legado que dejó en el teatro, la cultura popular y hasta los videojuegos. Acomódate, porque es una historia larga y con muchas capas.

Un pueblo llamado “Paz”: cómo se fundó Salem

La historia comienza en 1626, cuando un grupo de colonos ingleses, pescadores que venían de la zona de Cape Ann y liderados por Roger Conant, se estableció en un sitio que los pueblos originarios de la región llamaban Naumkeag. Conant fue el primer gobernador del asentamiento, pero la Compañía de la Bahía de Massachusetts mandó a John Endecott para hacerse cargo, y Conant tuvo que ceder el mando. Lo curioso es que todo se resolvió de forma pacífica, gracias a la diplomacia de ambos.

Según la versión más repetida, en 1629 el asentamiento fue rebautizado como Salem, una forma de la palabra hebrea shalom (“paz”), justo en honor a ese arreglo. Sí, el lugar famoso por sus brujas se llama literalmente “Paz”. La ironía es… nice.

Con los años, el terreno cercano al puerto no resultó muy fértil, así que muchos colonos se movieron tierra adentro y surgió Salem Village (la actual Danvers), poblada de forma permanente desde 1636. Los de la aldea le decían Salem Town al pueblo grande, y la relación entre ambos nunca fue sencilla: había pleitos por linderos, por pastos para el ganado, por privilegios de la iglesia y por qué tan independiente debía ser la aldea.

A ese ambiente tenso se sumó un personaje clave: Samuel Parris, un exmercader que había vivido en Barbados y que fue contratado como ministro de la aldea entre 1688 y 1689. Su sueldo se pagaba en buena parte con provisiones, y desde 1691 muchos vecinos ya estaban inconformes con él y pagaban su salario de forma irregular. El pueblo estaba dividido en bandos, a favor y en contra de Parris, y ese rencor de fondo importa mucho para lo que viene.

Enero de 1692: las niñas, el pastel de brujas y Tituba

En la casa de Parris vivían su esposa, su hija Betty (de 9 años), su sobrina Abigail Williams (de 11 o 12) y dos personas esclavizadas: Tituba y su esposo, John Indian. Durante el invierno de 1691 a 1692, las niñas empezaron a “experimentar” con adivinación, algo prohibido en la colonia puritana. Simples teens.

Entre mediados y finales de enero de 1692, Betty y Abigail comenzaron a tener “ataques”: gritos, contorsiones, balbuceos y posturas extrañas. Después de semanas de oración, ayuno y remedios caseros sin resultado, un médico local, William Griggs, dictaminó que estaban embrujadas. Poco después, otras jóvenes de la aldea, como Ann Putnam Jr. y Elizabeth Hubbard, empezaron a mostrar síntomas parecidos.

El 25 de febrero, una vecina, Mary Sibley, le explicó a John Indian cómo preparar un “pastel de brujas”: una mezcla de harina de centeno con la orina de las niñas que se le daba a un perro, siguiendo una práctica popular inglesa de “magia blanca” para descubrir quién estaba embrujando a alguien. Tituba y John lo prepararon. Cuando Parris se enteró, se enfureció y, poco después, presionadas por ministros y vecinos para decir quién las afectaba, las niñas señalaron a Tituba.

El 29 de febrero se emitieron órdenes de arresto contra tres mujeres: Tituba, Sarah Good y Sarah Osborne. Ninguna tenía mucho peso social en la comunidad, y eso las volvía blancos fáciles. El 1 de marzo, los magistrados John Hathorne y Jonathan Corwin las interrogaron en público en la casa de reunión de la aldea. Ahí, Tituba confesó ser bruja y aseguró que había más en Salem. Algunos historiadores sugieren que pudo haberlo hecho bajo presión, algo bastante comprensible para una mujer esclavizada, sola y frente a un tribunal. Su confesión, sin embargo, fue como echarle gasolina al fuego: las autoridades quedaron convencidas de que había una conspiración con el Diablo en la comunidad.

Cómo se salió de control

Lo que siguió fue exponencial. Las acusaciones dejaron de apuntar solo a personas marginadas y empezaron a señalar a miembros respetados de la iglesia. A mediados de marzo fueron acusadas Martha Corey y Rebecca Nurse, ambas mujeres devotas y bien consideradas. La lógica que se instaló en la comunidad fue aterradora: si ellas podían ser brujas, cualquiera podía serlo.

Las acusaciones se extendieron mucho más allá de Salem Village. Las cárceles de Salem, Boston, Cambridge e Ipswich se fueron llenando, y el pueblo de Andover llegó a ser el que más acusaciones acumuló. Y aquí viene el detalle que explica harto: los registros muestran que unas 47 personas confesaron ser brujas, muchas de ellas cuando se dieron cuenta de que confesar retrasaba el juicio. Dicho de otra forma, confesar algo falso podía salvarte la vida en ese momento, y eso alimentaba la idea de que la amenaza era real.

Otra pieza fundamental fue la llamada evidencia espectral: testimonios sobre sueños y visiones, en los que el “espectro” del acusado supuestamente aparecía y atormentaba a la víctima. Es una prueba prácticamente imposible de refutar, porque nadie puede demostrar que no se le apareció a alguien en un sueño.

¿Y por qué pasó todo esto? No hay una sola respuesta fácil. Una teoría muy famosa, publicada en 1976 en la revista Science, propuso que las niñas habían comido centeno contaminado con ergot (un hongo con efectos alucinógenos), pero otros estudios y muchos historiadores la han cuestionado: por ejemplo, no explica por qué solo ciertas niñas se vieron afectadas. Hoy se habla más bien de una combinación de factores: las peleas por tierras y poder dentro de la aldea, el conflicto alrededor de Parris, la tensión por la guerra con los franceses y sus aliados indígenas (que llenó la zona de refugiados), una fe puritana que veía al Diablo en todos lados y la presión social de una comunidad cerrada. Incluso hay quien señala que lo que inició la locura no necesariamente fue lo mismo que la mantuvo viva. Y sobre si las niñas fingían, estaban bajo una presión enorme o de verdad sufrían algo, los historiadores siguen sin ponerse de acuerdo.

Los juicios

El 27 de mayo de 1692, el gobernador William Phips creó una corte especial, la Court of Oyer and Terminer (“oír y decidir”, pues), integrada por siete jueces y presidida por William Stoughton. Sesionó por primera vez el 2 de junio.

La primera persona juzgada fue Bridget Bishop, quien fue declarada culpable y ahorcada el 10 de junio, la primera ejecución oficial de los juicios. A partir de ahí, las ejecuciones se dieron en rondas: el 19 de julio fue ahorcada Rebecca Nurse junto con otras cuatro personas; en agosto murieron más, entre ellas el exministro George Burroughs; y el 22 de septiembre fueron ahorcadas ocho personas más, incluida Martha Corey.

Tres días antes, el 19 de septiembre, había muerto su esposo, Giles Corey, de 71 años. Se negó a declararse culpable o inocente, y como castigo fue aplastado con piedras pesadas hasta morir. Es el único caso de este tipo en los juicios.

Al final, 19 personas fueron ahorcadas en un terreno elevado a las afueras de Salem (conocido tradicionalmente como Gallows Hill y hoy identificado con el sitio llamado Proctor’s Ledge); una más murió bajo las piedras y por lo menos cinco murieron en las insalubres cárceles, entre ellas un bebé. En total, 25 muertes. Se considera la cacería de brujas más mortífera de la historia de la América del Norte colonial.

El desenlace

Las dudas empezaron a crecer con cada ronda de ejecuciones. Líderes religiosos influyentes, como Increase Mather (presidente de Harvard) y su hijo Cotton Mather, cuestionaron el uso de la evidencia espectral. El 8 de octubre, el comerciante bostoniano Thomas Brattle escribió una carta muy crítica contra los juicios. Y según se cuenta, el gobernador Phips terminó de convencerse cuando las propias niñas empezaron a mencionar a su esposa.

El 29 de octubre de 1692, Phips disolvió la corte. La reemplazó por una Corte Superior de Justicia que ya no admitía la evidencia espectral, y los resultados cambiaron de golpe: de 56 acusados, solo condenó a 3. En mayo de 1693, Phips perdonó a todos los que seguían presos por brujería. En total, se habla de más de 200 personas acusadas (algunas fuentes dan cifras algo menores, de 150 en adelante, según cómo se cuente).

Las disculpas, años después

El perdón no llegó de golpe, sino a cuentagotas y con mucha tardanza:

• 1696: Samuel Parris fue obligado a dejar su puesto. Reconoció, demasiado tarde, que quizá se había equivocado. La familia de Rebecca Nurse jamás lo perdonó.

• 1697: La corte general de la colonia ordenó un día de ayuno y reflexión por la tragedia. Uno de los jueces, Samuel Sewall, pidió perdón públicamente, y doce jurados firmaron una confesión admitiendo que habían condenado a inocentes.

• 1702: La corte declaró que los juicios habían sido ilegales.

1706: Ann Putnam Jr., una de las acusadoras más activas, se paró frente a la congregación de Salem Village el 25 de agosto mientras el reverendo Joseph Green leía su confesión pública. En ella reconocía haber sido engañada y haber acusado a personas inocentes, y pedía perdón. Antes de leerla, se consultó a Samuel Nurse, hijo de Rebecca, como representante de las familias afectadas, y él la consideró satisfactoria. Putnam murió unos años después, en 1716.

• 1711: La colonia aprobó una ley para limpiar los nombres de varias víctimas y compensar a sus familias.

• 1957: Massachusetts ofreció una disculpa formal.

• 1992: A 300 años de los hechos, se inauguraron memoriales en Salem (dedicado por el Nobel Elie Wiesel) y en Danvers. En 2017 se abrió otro en Proctor’s Ledge.

• 2022: Elizabeth Johnson Jr., condenada en 1693 pero nunca ejecutada, fue exonerada oficialmente… 329 años después. Su nombre se había quedado fuera de todos los intentos anteriores.

La disculpa de Putnam es especialmente simbólica porque fue una de las pocas que vino de alguien que formó parte de las acusaciones. Eso sí, llegó 14 años después y cuando ya no había nada que pudiera devolverle la vida a nadie.

El legado: de la tragedia a la cultura pop

Salem dejó una marca enorme en la cultura. La expresión “caza de brujas” hoy se usa para describir cualquier persecución basada en acusaciones sin pruebas sólidas, y la obra más famosa que usó esta historia es “The Crucible” (en español, Las brujas de Salem, hispanistas de…), de Arthur Miller. Se estrenó en Broadway el 22 de enero de 1953 y ganó el premio Tony a Mejor Obra ese mismo año. Miller la escribió como una alegoría del macartismo, cuando el gobierno de Estados Unidos perseguía a personas acusadas de ser comunistas; años después, el propio Miller fue citado a declarar ante el comité del Congreso que investigaba esas actividades.

Ojo: la obra es una versión parcialmente ficticia. Muchos personajes son composiciones, y la historia de amor y celos entre Abigail Williams y John Proctor es invento: Abigail tenía apenas 11 o 12 años y no hay evidencia de que ella y Proctor se hayan conocido antes de los juicios. Aun así, la obra ayudó a que Massachusetts retomara los esfuerzos para limpiar los nombres de los acusados.

Hoy Salem es, en buena medida, una ciudad temática, con museos de cera y tiendas llenas de artículos de brujas que no existían cuando Miller escribió su obra. Y la historia también llegó al mundo gamer: The Dark Pictures Anthology: Little Hope incluye una versión de la historia de Abigail Williams y de los juicios como una de sus tres líneas temporales, y el capítulo “Salem” de Fate/Grand Order se ambienta en una versión alterna de aquellos hechos, con Abigail como pieza central.

Para cerrar

Salem no fue una historia de brujas, sino de miedo. De una comunidad dividida, de autoridades que se creyeron todo, de pruebas que nadie podía desmentir y de personas inocentes que pagaron con la vida por la pendejez de otras.

Y sí… la próxima vez que alguien te diga “todos lo dicen”, preguntemos primero por la evidencia… Salem nos enseñó cuánto puede costar no hacerlo y andarnos creyendo todos los chismes a lo estúpido.

¡Mi tarea del tema que hice en Alaska hace mil años! Que me costó mucho encontrarla.

Esa tarea… es de esos documentos que no tengo ni idea de por que los sigo cargando desde esa época. Ha de ser por que me costó harto trabajo andar visitando la biblioteca de la escuela para hacerlo… 😀

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