No es el Calendario Maya. Nunca lo fue.

Ora no es AI, por que hasta la AI me dio la bendita piedra del sol.
¿Por qué seguimos usando imágenes equivocadas para hablar de culturas que merecen más respeto que un copy-paste de Google Images?

Hay algo que me saca de quicio cada vez que alguien en internet habla del “Calendario Maya”. Cada. Vez. Sin fallar (muy honrosas excepciones). Ahí aparece la imagen: un enorme monolito circular, perfectamente tallado, lleno de símbolos concéntricos y un rostro en el centro. Imponente, hermoso, indudablemente harto impresionante. Y completamente equivocado. Porque eso que todos están usando para ilustrar el “Calendario Maya” es la Piedra del Sol mexica. No maya. Para nada maya. Y la diferencia importa.

Parte Uno: ¿Qué es exactamente esa piedra que todos ponen?

Antes de entrar en el pleito cultural, hay que entender qué es lo que realmente estamos observando.

En 1790 se descubrió este enorme monolito, de aproximadamente 24 toneladas, en el lado sur de la Plaza Mayor de la Ciudad de México. En su iconografía se representa el mito de los cinco soles, con el Nahui Ollin y el rostro de Tonatiuh, Dios del Sol, en su centro. También tiene grabada una fecha: 13 caña (1479), que se estima es el año en que fue concluida, bajo el mandato del emperador Axayácatl.

O sea, es una pieza mexica (azteca, para los que prefieren ese término), tallada en el siglo XV, y que representa la cosmovisión de ese pueblo en específico. No la maya. Son culturas distintas, con lenguas distintas, en territorios distintos, con sistemas de pensamiento distintos.

Ahora, lo que complica todavía más las cosas: en principio, no es un calendario y tampoco es azteca como se la nombra popularmente. El monumento no puede ser azteca porque corresponde a un periodo tardío, cuando los mexicas habían dejado Aztlán para instalarse en México-Tenochtitlan. Es decir, ni siquiera el nombre popular más común que le damos, “Calendario Azteca”, es del todo correcto. La Piedra del Sol no es propiamente un calendario, sino una conmemoración del tiempo creado y destruido por los Dioses.

Para rematar: la Piedra del Sol no refleja el sistema de cómputo del tiempo. Contiene sólo un elemento calendárico: los 20 símbolos que representaban el nombre de los días mexicas. De ahí en fuera, todo el monumento está dedicado al quinto sol mexica: Nahui Ollin (cuatro movimiento).

Resumiendo: la imagen que todo el mundo se fascina para hablar del “Calendario Maya” es, en realidad, una pieza mexica (no azteca en sentido estricto), que no es un calendario completo, y que está dedicada principalmente a la cosmogonía del quinto sol. Tres capas de incorrección en una sola imagen. Awesome.

Parte Dos: Entonces, ¿cuál es el Calendario Maya?

Aquí está lo interesante, y lo que la mayoría de las personas que comparten esa imagen ni siquiera saben: el sistema calendárico maya es completamente distinto y, técnicamente hablando, mucho más complejo.

Los calendarios azteca y maya son dos de los sistemas de medición del tiempo más sofisticados de Mesoamérica. Aunque comparten algunas similitudes, como su origen en culturas anteriores (Olmeca y Tolteca) y el uso de ciclos rituales de 260 días, presentan diferencias fundamentales en estructura, función y simbolismo.

La diferencia más relevante está en algo llamado la Cuenta Larga. La diferencia más notable entre los calendarios azteca y maya estriba en que este último consideraba una cuenta larga, un conteo de días de 1,872,000 días, equivalente a 7,200 veces 260 días. Los aztecas no le daban tanta importancia a este conteo.

Los mayas destacaron por su precisión astronómica, usando la Cuenta Larga para predecir eclipses y alinear sus pirámides con eventos celestes. Este sistema les permitía calcular ciclos de más de 5,000 años, calculados con matemáticas y astronomía, sin computadoras, sin telescopios modernos, sin nada de lo que hoy daríamos por sentado. El calendario maya es un sistema de conteo del tiempo de una precisión que todavía genera respeto entre los especialistas. Merece ser reconocido correctamente, no sustituido por la primera imagen bonita que nos aparece primero Google.

Parte Tres: ¿Por qué pasa esto?

Hay varias razones, y ninguna es particularmente halagadora para el internet colectivo (dígase, para la humanidá).

La primera es la más obvia: la Piedra del Sol es visualmente impactante. Es circular, tiene muchos detalles, se ve “antigua y misteriosa”, y está en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, que es uno de los museos más visitados del país. Es fotografiable, es shareable, es perfecta para una publicación de Instagram o una miniatura de YouTube. El calendario maya real no es un objeto físico tan concreto y llamativo; es un sistema matemático. Es mucho más difícil de “ilustrar”.

La segunda razón es que, durante mucho tiempo, incluso fuentes que deberían saber mejor mezclaron ambas culturas. La imagen utilizada frecuentemente es la Piedra del Sol, también conocida como calendario azteca. No es maya. Pero tampoco aparece por casualidad: este imponente monolito de 25 toneladas pertenece a la cultura mexica, un pueblo que floreció varios siglos después del apogeo del mundo maya. Sin embargo, su concepción del tiempo, los ciclos y la astronomía bebe directamente de conocimientos mayas anteriores.

Hay una conexión cultural entre ambos pueblos, sí. Mesoamérica fue una región con muchísimo intercambio entre culturas. Pero eso no significa que sean la misma cultura, ni que sus artefactos sean intercambiables. (Como los de Monterrey, que por estar cerca de McAllen se creen gringos ya.)

La tercera razón, y esta es la más incómoda: la pereza. Es mucho más fácil buscar “calendario maya imagen” en Google y agarrar lo que salga, que tomarse cinco minutos para verificar si lo que estás usando tiene algo que ver con lo que estás diciendo. Benditos humanos.

Parte Cuatro: No son los únicos. El problema es más grande.

El error del “Calendario Maya” no es un caso aislado. Es parte de un patrón harto común en el que las imágenes populares terminan reemplazando a la realidad histórica, y nadie se molesta en corregirlo porque “todo el mundo lo hace así”… como no poner direccionales o pensar que puedes agarrar el carril izquierdo para dar vuelta a la derecha y todos, pero todos, se tienen que detener por ti.

Aquí van otros ejemplos que ya son de uso tan común que cuestionarlos se siente raro:

Los vikingos con cascos con cuernos

 

Probablemente el más famoso de todos. Los hallazgos arqueológicos son claros: los cascos vikingos no tenían cuernos. Eran sencillos y funcionales, hechos principalmente de hierro, a menudo con una placa de protección nasal para el rostro. El único casco vikingo completo que se ha encontrado, el Casco de Gjermundbu, hallado en Noruega y datado en el siglo X, es redondo y sin adornos.

¿Y de dónde salieron los cuernos? Aparecieron las primeras representaciones de vikingos con cascos cornudos en el estreno en Festspielhaus de Bayreuth (de Richard Wagner) en 1876. El responsable es el diseñador de vestuario Carl Emil Doepler, quien, sin ningún apego histórico, ajuareó a los vikingos con cascos de diversos tipos. Estos cascos cornudos sí estaban presentes en representaciones antiguas y medievales de los sacerdotes celtas, así que Doepler los copió y pegó a los vestuarios de vikingos.

O sea, un diseñador de vestuario de ópera del siglo XIX inventó la imagen, y desde entonces todos asumimos que es correcta. Más de 150 años de error copiado y pegado. Aún así te apreciamos, Wagner.

Las esculturas griegas eran blancas

 

Este me toca especialmente, siendo pagano helénico. Esa imagen del mármol blanco, puro, inmaculado, del ideal de belleza clásica… es una ilusión producto del tiempo y de la desinformación.

Estudios han demostrado que muchas esculturas estaban pintadas con colores vivos. Análisis de pigmentos y tecnología 3D han revelado restos de pintura en piezas como la Kore de Frasiclea. Exposiciones como Chroma: El color de las esculturas clásicas han desmentido la idea de que eran completamente blancas.

En un ensayo de catálogo para una exposición de 1892 en el Instituto de Arte de Chicago, el erudito clásico Alfred Emerson dijo de la policromía que “el testimonio literario y la evidencia de la arqueología son demasiado fuertes y uniformes para admitir una discusión o duda”. Esto lo escribió en 1892. Llevamos más de un siglo sabiendo que las esculturas tenían color, y todavía la imagen popular es la del mármol blanco, como bien lo expone Nolan en el trailer de la Odisea.

La explicación de por qué persiste el mito es interesante: aunque en el Renacimiento las esculturas clásicas ya se veían blancas y se concebía esa blancura como ideal de belleza a imitar, rápidamente los eruditos y los posteriores especialistas plantearon la hipótesis sobre la policromía. Con el paso del tiempo, el deterioro hizo desaparecer la mayor parte de los colores. En el caso de aquellas que permanecieron en la sociedad, como las esculturas del Partenón, dejaron de mantenerse y restaurarse a causa de la expansión del cristianismo, que centró dicha actividad en obras importantes para los cristianos.

Básicamente: la pintura se fue cayendo con los siglos, los artistas del Renacimiento las vieron blancas, las imitaron blancas, y esa versión se quedó grabada en la imaginación colectiva de Occidente. El original a todo color quedó sepultado bajo siglos de malentendido.

La que concluye

No estoy diciendo que la gente que usa la Piedra del Sol para ilustrar el “Calendario Maya” sea mala persona… a menos que lo hagan con conocimiento y causa. Estoy diciendo que en el internet de la información instantánea, donde cualquiera puede publicar cualquier cosa sin verificarla, la responsabilidad de al menos intentar ser precisos recae en todos.

Las culturas mesoamericanas, griega, nórdica, y muchas otras han sido simplificadas, mezcladas y convertidas en estética visual desconectada de su contexto real. Y eso tiene un costo: cuando reducimos la complejidad de una civilización entera a una sola imagen mal atribuida, estamos perdiendo la oportunidad de entender algo genuinamente fascinante.

La Piedra del Sol es una obra maestra de la cultura mexica. El calendario maya es un sistema matemático-astronómico de una sofisticación increíble. Las dos cosas son extraordinarias por sí solas. ¿Por qué mezclarlas cuando cada una merece su propio reconocimiento?

No hay imágenes en este post por que, todas las inteligencias artificiales, con prompts propios y generados, siempre terminaban poniendo la piedra del sol. que feo.

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