Azteca

Ancient Warrior Gazing at City
Si alguna vez quisieron leer algo sobre el México prehispánico que no pareciera clase de historia de secundaria, Azteca de Gary Jennings es exactamente lo que pueden estar buscando. Más de mil páginas de un mundo que existió aquí, narrado con una claridad que a veces incomoda, y eso es precisamente lo que lo hace tan bueno.

Parte Uno: El gringo que se fue a vivir a México…

Gary Jennings no simplemente leyó un par de libros y se puso a escribir ficción histórica. Este compa pasó 12 años en México, estudiando e instruyéndose en la historia del país, incluyendo trabajo en instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). También estudió el náhuatl antes de escribir una sola página, cosa que creo que en México nos deberian enseñar desde primaria. El resultado se publicó en 1980 y se convirtió en un bestseller. Un extranjero hizo más tarea sobre nuestra historia que muchos de nosotros juntos.

Parte Dos: ¿De qué va esto?

Hacia 1530, el rey Carlos I de España, también conocido como Carlos V, el del chocolate, pide al obispo de México información sobre la vida y costumbres de los indios americanos. El obispo, Fray Juan de Zumárraga, envía al monarca el relato autobiográfico de un indio de unos sesenta años llamado Mixtli o Nube Oscura, quien narra su niñez, la mentalidad y costumbres de su pueblo, su formación y sus amores.

La historia comienza en el pueblo de Xaltocán, donde Mixtli vive con sus padres y su hermana Tzitzitlini. Ella es, desde el principio, una de las piezas clave de la historia. Desde temprana edad, Mixtli se involucra con ella en una relación incestuosa y secreta, que complica todo cuando el hijo del gobernante local empieza a cortejarla y a querer casarse con ella. Y así arranca esto, crudo, sin filtros, derecha la flecha.

Después de dejar atrás su pueblo y a su hermana, Mixtli recorre todo el mundo conocido antes de la llegada de los españoles: desde Aztlán, la patria norteña y legendaria de los aztecas, hasta la espesura de las selvas mayas, pasando por la soberbia capital del imperio, Tenochtitlán.

Y no es que el libro te diga “fue a tal lugar”, el lector va “a tal lugar” junto con Mixtli. A través de los viajes de Mixtli, la novela describe sorprendentemente los lugares que hoy reconocemos con otros nombres: Kumpech (Campeche), Cuaunahuacan (Cuernavaca), Michihuacan (Michoacán), Uaxyacac (Oaxaca), Xalisca (Jalisco). Es básicamente un tour de México prehispánico narrado por alguien que vivió ahí.

En su paso por Texcoco, Mixtli aprende sobre Teotihuacán, una ciudad que, según le explican, fue destruida por los Dioses en el momento en que decidieron crear la tierra, la gente y las cosas vivientes. Para los mexicas, Teotihuacán no era un sitio arqueológico para ir de tour escolar: era el lugar donde los Dioses se reunieron para poner a andar el universo. Al incluir esa perspectiva, en lugar de la típica y cansada versión occidental de “ruinas antiguas”, dice mucho de la cosmovisión de la época.

En su recorrido por el enorme territorio de la famosa Triple Alianza, Mixtli entra en contacto con distintos pueblos y descubre que tiene una facilidad natural para aprender otros idiomas. A través de traducir su propio nombre a la lengua de cada nación que lo recibe, va notando cómo la manera de concebir la realidad se refleja en el lenguaje. Es uno de esos detalles que hacen que el libro se sienta vivo en lugar de solo informativo.

Mixtli termina llevando una exitosa carrera de mercader y soldado, llegando a la prestigiosa orden de los guerreros águila, al servicio directo del Huey Tlatoani azteca: Ahuízotl primero, Moctezuma después. Todo esto antes de que lleguen los españoles a arruinar la fiesta tratando de arreglarla.

Eagle Warrior in Ancient Temple

Parte Tres: ¿Vale la pena leerlo?

Jennings no le anda sacando la vuelta a nada. El libro recrea el perfil mitológico de la fundación, construcción, usos y costumbres de la sociedad azteca con sus rituales, guerras floridas, relaciones complicadas y pérdidas devastadoras. No es una versión políticamente correcta ni bonita del mundo prehispánico. Es crudo, es humano, y en muchos momentos es brutalmente honesto sobre cómo funcionaba esa civilización.

Jennings consigue una historia que, al menos a mí, me atrapó, pese a sus más de 1,000 páginas, contextualizando y documentando el tiempo y los sucesos de la época. Es esa parte de la historia mexicana que nos gustaría nos hubieran enseñado en la escuela.

La que concluye

Azteca es de esas novelas que nos recuerdan que la historia no es aburrida. Lo aburrido es cómo nos la cuentan. Jennings tomó un mundo entero, vivió en él durante más de una década, y lo convirtió en algo que no es fácil soltar.

Nota

Después de abandonar libros por tanto tiempo, vamos a regresar un rato a ellos… espero eso no sea un problema.

Además, la AI no tiene mucha idea de como hacer cosas tan especificas como estas imágenes.

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