Deus Ex Machina: El Truco Más Viejo del Mundo (y el Más Cansado)

Estamos viendo una película, leyendo un libro o jugando un videojuego (RPG la mayoría de las veces). Nuestro héroe (o heroína, eso no importa), sin recursos, sin aliados, sin nada. La situación parece imposible. Y entonces, de la nada, aparece algo o alguien que lo salva todo de un golpe. Sin previo aviso. Sin que nada en la historia lo hubiera preparado. Magia pura. Eso se llama Deus Ex Machina, y es una de las herramientas narrativas más antiguas del mundo.

Parte Uno: Grecia

El término viene del latín, pero el concepto viene de la Grecia antigua, la chida con Dioses y todas esas mafufadas. Literalmente significa “Dios desde la máquina”.

En el teatro griego clásico, cuando la trama se ponía tan convoluta que los dramaturgos no le encontraban salida humana (¡como en la vida real!), mandaban al Dios en turno a resolver el problema. Pero como los actores no podían volar, usaban una grúa de madera (la mechane) para bajar al actor disfrazado de deidad desde el techo del escenario. El público veía aparecer a un Dios literalmente de la nada, resolver todos los problemas de un chingadazo, y listo, telón. Drama resuelto. Gracias. Bai.

Sófocles, Eurípides y compañía lo usaban descaradamente. Pero ya desde entonces tenía sus retractores. Aristóteles, en su Poética, fue de los primeros en decir que esto era básicamente trampa narrativa: los conflictos deberían resolverse desde dentro de la propia historia, no con algo que cae del cielo sin avisar.

Aristóteles tenía razón, casi siempre, aunque hace dos mil años que se petateó y no hay manera de averiguarlo…

Parte Dos: What, When, How?

Un Deus Ex Machina ocurre cuando un problema narrativo que parecía irresoluble se soluciona de forma repentina, inesperada y prácticamente de la nada. El punto clave es ese: de la nada. Porque si a lo largo de la trama hay pistas de que algo o alguien podría aparecer, ya no es un Deus Ex Machina; es planeación narrativa. La diferencia entre los dos puede ser delgadísima, y ahí es cuando comienzan los chingadazos entre escritores.

Hay tres ingredientes básicos para que algo califique como Deus Ex Machina:

Primero, lo que sea que resuelve el conflicto no estaba presente en la trama de forma significativa antes.

Segundo, el momento de la aparición coincide exactamente con el peor momento posible para el protagonista.

Tercero, la resolución no requiere ningún esfuerzo real de los personajes; todo se soluciona “de a gratis”.

Junta las tres cosas, y ¡puff! Habemus Deus Ex Machina.

Parte Tres: Los Culpables de la Historia (¡Con Doxxing!)

El Deus Ex Machina tiene ejemplos en absolutamente todos los medios.

En la literatura, uno de los casos más discutidos es La Guerra de los Mundos de H.G. Wells (1898). Los marcianos llevan toda la novela destruyendo todo a su paso, y al final mueren… de una finche gdipita. Tal cual, los gérmenes terrestres los matan porque sus sistemas inmunes no estaban preparados. Hay quien lo defiende diciendo que Wells lo sembró indirectamente desde el principio; hay quien lo considera el Deus Ex Machina más descarado de la literatura clásica. Pero es posible… pregúntenles a todos los muertos que murieron gracias a la conquista de América.

En el cine, el caso más hablado de los últimos años es casi cualquier película de la fase tardía del Marvel Cinematic Universe, donde los héroes aparecen justo a tiempo de formas que estiran la credulidad hasta el límite. Si ven Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull (2008), los aliens al final son… pues eso. Aliens que resuelven todo, y luego se van, y todos los buenos se salvaron, y los malos, kaput.

En los videojuegos, el género RPG es el campeón indiscutible. ¿Cuántas veces han terminado un JRPG donde el protagonista muere o pierde, y de repente el poder del amor o la amistad lo regresa a la vida con full HP justo antes del boss final? Final Fantasy tiene esto como tradición casi religiosa, aunque no siempre. Sabemos que es parte elemental de la historia, pero, ¿realmente había que matar a Aerith?

En televisión, el ejemplo que más se menciona por todos lados es Game of Thrones en su fatal temporada 8, cuando Arya Stark aparece de la nada para matar al Rey de la Noche. Hay quien lo defiende argumentando que su entrenamiento estaba en la historia desde el principio; hay quien dice que la forma en que se ejecutó narrativamente fue exactamente eso: algo que cayó del cielo sin preparación suficiente. ¿Estuvo chido? Sí. Lógico… ehhh.

Parte Cuatro: Cuando Funciona

No todo Deus Ex Machina es necesariamente un pecado narrativo. Hay casos donde el recurso funciona o incluso es el punto. Recuerden, toda moneda tiene dos lados.

La Odisea de Homero tiene intervención divina constante. Atenea literalmente ayuda a Odiseo en todo momento. Pero eso funciona porque en esa cosmología, los Dioses interviniendo en asuntos humanos es exactamente la premisa. El universo del texto dice desde el principio: “Aquí los Dioses hacen lo que quieren con los mortales”. Cuando aparecen para salvar el día, no es trampa; es casi casi su chamba. La Ilíada también tiene sus detallitos.

Hay autores que usan el Deus Ex Machina de forma consciente e irónica, para criticar o satirizar otros textos, o para decirle algo al lector sobre la naturaleza de las historias mismas.

Y luego está el caso del cine de género B y las películas de horror clásicas de los 80, donde el Deus Ex Machina es parte del placer. Nadie va a ver una película de la serie de Nightmare on Elm Street esperando una narrativa impecable; van a ver a Freddy Krueger con navajas en los dedos siendo derrotado de alguna forma boba.

Parte Cinco: La que Concluye

El Deus Ex Machina es básicamente el termómetro de la confianza de un escritor en su propia historia. Cuando aparece de forma involuntaria, casi siempre significa que en algún punto de la trama algo se salió de control y no se encontró una solución orgánica. No es un crimen, pero sí es una señal.

Lo que es problemático es cuando se utiliza para resolver conflictos que el público se ha pasado horas o temporadas invirtiendo emocionalmente. Porque en ese momento la sensación no es de alivio; es de que nos estafaron. Como cuando llegas al cajero con prisa y está fuera de servicio. O ese día el sistema está caído y hay que pagar con efectivo. Frustración pura.

Lo chido es que los personajes se salven, o no, solos… y sufran las consecuencias de lo que hicieron para llegar ahí. Los finales de telenovela son bonitos en su contexto, pero son superfluos.

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